
EL ÁLBUM DE JOSEBA SARRIONANDIA
por Harkaitz Cano
![]() En los lugares más insospechados, hay - tiene que haber - innumerables fotos nuestras que jamás hemos visto. No sé si Sarri, en ese viaje lleno o falto de sosiego, trata de escapar de las fotos, con miedo de que todavía le puedan robar el alma. Habrá fotos suyas aquí y allá. Hoy tendrá otro aspecto, otra edad, otra mirada, a pesar de que nos resulte difícil creerlo. No somos conscientes de que puedan existir otras fotos: quizá alguien las sacara sin que nos diéramos cuenta, a los pies de un ataúd o de una cuna, con cara demasiado sospechosa. Puede queestemos enjaulados en accidentales fotos de turistas, cuando, tras haber dudado entre pasar o no pasar, nos hemos decidido a hacerlo, obstaculizando el encuadre adecuado para la pose de aquella encantadora mujer situada entre la cámara y el bello paisaje. El turista ha tenido que repetir la foto y quizás la culpa sea nuestra. Las fotos no son inocentes y mucho menos aquellas en las que el retratado aparece mirando al objetivo; por ejemplo, aquellas fotos en las que uno, para aparecer siempre con la misma cara, utiliza el truco de pensar en alguien a quien quiere. Pertenezco a esa generación que, aparte de por sus libros, conoce a Sarrionandia sólo a través de las fotos. La primera foto de mi álbum de Sarri aparece en la mayoría de los libros: pelo corto y barba, mirada atenta. La segunda foto, en tiempos de Lubaki Banda, es una fotocopia que, con ánimo fetichista, saqué con mi amigo Xabier Gantzarain en la recién estrenada hemeroteca de la Biblioteca del Koldo Mitxelena, de la primera página del diario El País del 8 de julio de 1985: Dos etarras se fugan de la cárcel de Martutene en San Sebastián dice el titular principal. No recuerdo por qué motivo concreto fotocopiamos la portada de aquel periódico, pero - como somos más chulos que nadie - cabe suponer que, tal y como la generación del 27 se reunió en torno a Góngora, nosotros pensáramos que podríamos hacer lo propio - ¡qué leches! - alrededor de Sarrionandia. La foto de Sarri es la única de la portada, junto a otra, a la izquierda, en la que se ve a un joven Boris Becker levantando, a sus diecisiete años, su primera copa de Wimbledon. Boris Becker está sonriendo y esa sonrisa no hace más que resaltar el contraste con la foto policial de Sarrionandia. Este Sarri no parece el mismo que conocemos en la foto de siempre, sino otro: es bien sabido que, también hoy, la policía despierta a horas intempestivas a los detenidos y los lleva a rastras a los foto-matones (en ocasiones sólo a los matones) para asegurarse de que los delincuentes tengan cara de delincuentes. Dicen que el autor ha de desaparecer de sus libros, pero a mí sí me gusta saber cuál es la cara del escritor. Las fotos son limitadas fuentes de información y casi siempre mejoran el original, porque quien está quieto y callado siempre tiene un presupuesto difícilmente superable por el de carne y hueso: las fotos, sherlockizan, cheguevarizan al retratado, por decirlo de alguna manera. Las fotos de Joseba Sarrionandia son siempre iguales, antiguas. Así, se presenta ante nuestros ojos demasiado perfecto y esa tiene que ser una carga insoportable para alguien que tenga conciencia de ello. Por eso podemos creernos tan fácilmente que cualquier día pueda tener una cita con Bernart Etxepare, o que pueda aparecer en las diapositivas de cualquier amigo nuestro que ha estado en Brasil de vacaciones, escondido entre los matorrales o reflejado en los ojos de un ciervo. A veces, el regreso es lo más complicado de todo. Al ser consciente de esa dificultad, Sarri se ejercita continuamente para la vuelta. Por lo menos regresa una vez al año a través de sus libros y hace poco que su voz nos ha vuelto en un cd. Por supuesto que no imaginábamos que esa fuera la voz de Sherlock. Como si Conan Doyle hubiera doblado la voz de Sherlock Holmes en una película. Cuando Joseba Sarrionandia vuelva a estar entre nosotros, deberemos hacer la primera cita en unas cataratas, para asegurarnos de que caiga Sherlock Holmes y sobreviva Conan Doyle. Pero, claro, no es tan fácil. Sin ir más lejos, el mismo Conan Doyle no tuvo más remedio que resucitar a Sherlock Holmes ante las peticiones y las quejas de sus lectores. Son fotos que nos quedan pendientes en nuestro álbum de Sarri. El texto apareció en el libro Zitroi ur komikiak - Joseba Sarrionandia komikitan, coeditado por Txalaparta y Napartheid en el año 2000 y que se vendió con el diario Gara. Joseba Sarrionandia, “Sarri”, poeta y filólogo vasco, nacido en Iurreta (Vizcaya) en 1958. Es uno de los escritores contemporáneos en lengua vasca más conocidos. Estudió filología vasca en la Universidad de Deusto y fue profesor de fonética en la UNED. Publicó sus primeros escritos en revistas vascas como Pott, Zeruko Argia, Anaitasuna, Jakin, Oh Euzkadi, Ibaizabal y en los diarios Egin y Egunkaria. Ha sido también traductor al vasco de diversas obras literarias, como las de T. S. Eliot. El poemario Izuen Gordelekuen Barrena (Dentro de los escondites de los miedos), fue su primer libro publicado. En 1980 fue condenado a 22 años de cárcel por su pertenencia a la organizzación ETA. Cinco años más tarde se evadió junto a otro preso, Iñaki Pikabea, de la prisión de Martutene, escondido en un bafle tras un concierto del cantante Imanol. La espectacular fuga inspiró la famosa canción Sarri, Sarri del grupo vasco Kortatu. Desde entonces está en paradero desconocido aunque sigue publicando libros. En 2001 recibió el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera, otorgado por la Asociación Española de Críticos Literarios. Obras:
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